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María, de 12 años, quiere vivir con su madre, pero no puede, dado que su proxeneta, que la forzó a trabajar en las calles y prostíbulos, amenazó con matarla si trataba de escapar. Sentía que estaba perdiendo mi niñez, tenía apenas 9 años", asegura.

Jane Sueli Silva, quien fundó el centro, dice que la mayoría de las niñas tienen entre 12 y 14 años cuando llegan. Pero las instituciones de beneficencia y las redadas policiales todavía tienen que alcanzar a niños como Pía, la prostituta de 13 años que me encontré en las calles de Recife.

Su casa era una pequeña choza que compartía con su madre, dos hermanos y su hermana de 12 años, quien todavía no regresa a casa. Ha oído hablar de que hay instituciones que proporcionan un hogar para niñas como ella. A veces paro, pero después vuelvo a las calles en busa de hombres. La droga es mala, la droga es mi debilidad y siempre hay clientes dispuestos a pagar.

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La oferta que Luiza y las otras 12 mujeres recibieron incluye el viaje de ida a Río, la alimentación, el transporte y el alojamiento gratuito. Los interesados pagan reales 27 euros para entrar en el local, reales 81 euros por acostarse con mujeres y otros reales por el cuarto. Carol, llena de tatuajes en las piernas y una larga melena negra. El joven es el taxista responsable del transporte de las mujeres, un hombre con historias de amor convulsas y mezcladas con el negocio de la prostitución, que muchas noches se queda durmiendo en un colchón en el suelo.

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María pensaba quedarse en el apartamento hasta su graduación como auxiliar de necropsia, en septiembre, pero abandonó esa idea el jueves. El portero del club de Copacabana donde estamos dice, sin embargo, que en aquella época la cola de clientes daba la vuelta la manzana. Sus padres murieron y busca en Río un futuro para su hija, que se ha quedado a cargo de su hermana, en paro.

Se prostituye desde hace solo dos meses, "cuando empezaron a faltar cosas en casa y no había ni para la leche". Con 29 años, ya se ha prostituido en todos los rincones de Brasil, atraída por eventos de todo tipo, e incluso hizo una gira por Europa.

Criada en un colegio de monjas y con un Nuevo Testamento siempre en el bolso, el discurso de Tamara es crudo, sin intención de idealizar una profesión que también odia y que difícilmente consigue ejercer sin drogas. Pero el dinero vicia tanto que no sabes salir".

Entre las mentiras que rodean este mundo, Tamara incluye el sueño de dejar las calles que todas sus colegas, e incluso ella, alimentan.

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Pero no pasé mucho tiempo así. Pero las instituciones de beneficencia y las redadas policiales todavía tienen que alcanzar a niños como Pía, la prostituta de 13 años que me encontré en las calles de Recife. El pasado 12 de junio, en Rio de Janeiro fueron cerrados un bar y un hotel acusados de permitir la prostitución infantil. Este preso brasileño tiene un machete clavado en la cabeza y no se inmuta 25 may Los tribunales emiten órdenes de excarcelación para 20 opositores detenidos 25 may Ha oído hablar de que hay instituciones que proporcionan un hogar para niñas como precio prostitutas prostitutas brasileiras. Una sujeta en las manos una cartera rosada, brillante, tipo Barbie. Criada en un colegio de monjas y con un Nuevo Testamento siempre en el bolso, el discurso de Tamara es crudo, sin intención de idealizar una profesión que también odia y que difícilmente consigue ejercer sin drogas. Es un vicio del diablo". Sus padres murieron y busca en Río un futuro para su hija, que se ha quedado a cargo de su hermana, en paro. Una de ellas, Pía, viste una camisilla rosada y minifalda. El joven es el sindicato de prostitutas prostitutas rubi responsable del transporte de las mujeres, un hombre con historias de amor convulsas y mezcladas con el negocio de la prostitución, que muchas noches precio prostitutas prostitutas brasileiras queda durmiendo en un colchón en el suelo. Pero aquí dentro el aburrimiento reina hasta bien avanzada la noche.

Me explica que trabaja todas las noches, hasta la madrugada, en la misma esquina, para poder financiar su consumo de crack y el de su madre. Me pagan cinco dólares y medio cada uno, suficiente para una roca", dice.

Pía empezó a trabajar como prostituta a los 7 años. Los primos se ven muy convincentes con sus tacos altos, minifaldas, blusas y su grueso maquillaje. Les decimos que ya volvemos y, después, les damos el dinero para comprar comida. Saben cómo lo conseguimos, pero es algo que no se discute". La mayoría de los turistas sexuales visitaba la ciudad de Fortaleza, a unos kilómetros.

Pero, por cada burdel que se cierra, por cada turista sexual arrestado, quedan víctimas en el camino. Muchas son trasladadas a instituciones de beneficencia. El Centro de Recuperación Rosa de Saron, cerca de Recife, no tiene vacantes porque no puede devolver a las niñas a la pobreza que las empujó a la prostitución.

María, de 12 años, quiere vivir con su madre, pero no puede, dado que su proxeneta, que la forzó a trabajar en las calles y prostíbulos, amenazó con matarla si trataba de escapar. Sentía que estaba perdiendo mi niñez, tenía apenas 9 años", asegura.

Jane Sueli Silva, quien fundó el centro, dice que la mayoría de las niñas tienen entre 12 y 14 años cuando llegan. Pero las instituciones de beneficencia y las redadas policiales todavía tienen que alcanzar a niños como Pía, la prostituta de 13 años que me encontré en las calles de Recife. Su casa era una pequeña choza que compartía con su madre, dos hermanos y su hermana de 12 años, quien todavía no regresa a casa. Ha oído hablar de que hay instituciones que proporcionan un hogar para niñas como ella.

A veces paro, pero después vuelvo a las calles en busa de hombres. La droga es mala, la droga es mi debilidad y siempre hay clientes dispuestos a pagar. Image caption La reputación erótica del país atrae a un tipo de turista indeseable. En la cocina, Luiza todos los nombres son ficticios prepara un delicioso plato típico con gambas, una excepción en una dieta que, por lo general, se compone de pollo y carne.

Hay dos turnos para que coman las 13 mujeres que viven allí. El primero tiene que salir a la una de la tarde a camino del club, que atrae a encorbatados después del cierre de las oficinas, y el segundo, que sale a las tres de la tarde. Comen e intentan repetir. Luiza tiene 32 años, vino del Estado de Espírito Santo, a kilómetros de aquí, y aprendió a cocinar con una mujer a la que considera su madre, la directora del orfanato donde vivió hasta los 19 años de edad.

Hacía casi una década que no se prostituía, pero regresó después de separarse de su marido, por quien había salido de los clubs. Cuando comenzó a trabajar como prostituta, tras salir del orfanato, sus ambiciones eran sencillas: Hoy tiene que rehacer su vida y quiere abrir un restaurante, pero no tiene dinero.

Se enteró de la oferta de venir a Río a trabajar en este club y aceptó. La oferta que Luiza y las otras 12 mujeres recibieron incluye el viaje de ida a Río, la alimentación, el transporte y el alojamiento gratuito.

Los interesados pagan reales 27 euros para entrar en el local, reales 81 euros por acostarse con mujeres y otros reales por el cuarto. Carol, llena de tatuajes en las piernas y una larga melena negra. El joven es el taxista responsable del transporte de las mujeres, un hombre con historias de amor convulsas y mezcladas con el negocio de la prostitución, que muchas noches se queda durmiendo en un colchón en el suelo.

Se siente muy sola, confiesa. No le deseo esto a nadie". Cree que Río es su bote salvavidas para llegar hasta ahí. Cuando empecé, a los 19 años, pensé que iba a ser todo alegría, pero la alegría solo duró un mes. Mi miedo es no conseguir salir, porque siempre encuentro excusas para volver. Es un vicio del diablo". En su primera noche de trabajo en Río, en el club de Copacabana, donde los japoneses acaban de entrar y donde los dueños obligan a las mujeres a permanecer hasta las seis de la mañana si no consiguen un cliente, Maria ya tenía en la cabeza la idea de irse.

María pensaba quedarse en el apartamento hasta su graduación como auxiliar de necropsia, en septiembre, pero abandonó esa idea el jueves.

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